La salida es… la intuición

intuicion

Hoy te voy a contar un cuento. Siéntate tranquilamente, toma tu taza de té o café y disfrútalo. Ah! y no vale mirar el final para ver como acaba…

Hace unos años volvía del trabajo en el metro hablando con un compañero. Era hora punta y estábamos como sardinas en lata pero con una buena conversación el viaje se hace más llevadero. De repente se escuchó el grito de una mujer: “¡Mi cartera, mi cartera!” Instintivamente busqué mi bolso para descubrir con pánico que estaba abierto. Mi cartera no estaba. Un momento de bloqueo total pensando si salir corriendo en búsqueda del ladrón o la ladrona, pero era tarde. Las puertas se cerraron y no tuve otra que esperar a la siguiente parada.

Me recomendaban ir a la comisaría más cercana y poner una denuncia. Esto pasó en Gran Vía, así que me fui a Sol, pero la comisaría estaba cerrada. Me fui a la de Plaza España donde me senté a esperar. La cola era súper larga y la cosa iba muy lenta. Me aconsejaron en la comisaría llamar y pedir cita por teléfono. Así lo hice y después de gastarme no sé cuanto dinero, porque era un teléfono de los chungos… ¡resultó que tenía que esperar toda la cola igual y la cita no me servía para nada! Tiempo total: 3 horas.

En la cartera no llevaba mucho dinero, unos 20 euros quizás, pero llevaba todos mis documentos y tarjetas. Lo que me provocaba una angustia indescriptible era el pensamiento de volver a sacar mi residencia, un papel para el que tuve que esperar 12 horas de reloj en la calle con un frío tremendo. Solo de recordarlo me ponía a temblar y no tenía intención de revivirlo.

Ya en el metro, viajando de vuelta a casa, tuve una sensación muy fuerte. Una necesidad de bajar en la parada donde ocurrió todo. Era tarde, me daba algo de pereza y no veía mucho el sentido. Así que mi mente creó un juego: si hay más de 5 personas delante de mi para llegar a la puerta no bajaré, porque tengo que pedirles que me dejan pasar. La parada se acercaba y yo miraba la gente y comenzaba la lucha dentro. Bajo, no bajo, bajo, no bajo… ¿qué hago? En ese instante dos cosas sucedieron simultáneamente. La primera fue que decidí no bajar. La segunda fue verme saltando hacia el andén con las puertas cerrándose justo detrás de mí. ¿Y ahora qué? – pensé.

Me acerqué a una papelera próxima y metí mi mano dentro revolviendo. Nada interesante. Probé con la siguiente. Me daba mucho corte el qué dirán pero en este momento venía a mi mente, la cola de 12 horas bajo cero enfrente de la Brigada de Extranjería y me decía: “solo otra papelera más”. En una de estas, mientras tenía las manos dentro, escuche con horror una voz familiar: “¡Mila!, ¿qué tal?, ¿qué haces?” Me di la vuelta para descubrir que era una compañera con quien hice un taller de empleo. La mujer me miraba con cara bastante sorprendida. Me imaginé sus pensamientos: “¡Qué bien le tiene que ir después de este taller de empleo, que ha llegado a buscar en los cubos de basura!”. Respiró aliviada cuando le conté lo sucedido y me ofreció dinero o si necesitaba algo para llegar a casa. Le agradecí y seguí con mi búsqueda. Estaba a punto de tirar la toalla, cuando encontré de repente un monedero. Era de una estudiante americana. Pensé cómo le habría afectado el robo de su pasaporte, si viajaría al día siguiente… Pero eso me animó a seguir, porque vi que estaba en buen camino.

Quien conoce el metro de Gran Vía sabrá que hay muchas salidas, todas repletas de papeleras. Parecía que nunca se iban a acabar. Ya estaba muy cansada y pensaba que ya no puedo más y que lo que hago es absurdo y la gente me seguía mirando… Así que me dije a mi misma: “Ha sido un día muy largo y te mereces un descanso, esta es la última papelera y ya nos vamos para casa”

Metí mi mano dentro: periódicos, envoltorios, propaganda… y al final del todo mi monedero cubierto de chicles. Ni rastro del dinero pero estaban todos mis documentos dentro intactos. Creo recordar que me puse a bailar de la euforia que sentí en este momento.

Wow, ¡lo conseguí!

Pero aquí viene lo mejor, porque para mi eso no se queda en una bonita historia sin más. Mi creencia personal es que las cosas siempre pasan por algo pero en este caso en concreto no lograba descifrar por qué. Hablándolo con una amiga, le dije que yo soy extremadamente cuidadosa con mis cosas y que no entiendo cómo me pudo pasar esto. Lo que ella contestó se me grabó para siempre:

“¿Y no has pensado que todo esto te ha pasado para que escuches a tu intuición? Que hagas caso a esa voz interna que sabe.”

Me quedé con la boca abierta, no me había dado cuenta, ni lo había visto así. Si quería ir más allá podría decir que me habían robado la identidad, porque con eso identificamos los documentos, pero escuchando mi intuición supe volver a encontrarla. Que el proceso de recuperarla no fue nada fácil y que me tuve que tragar mi miedo a lo que pensaran los demás.

Tuve momentos de duda, en que me quería rendir y dejarlo. Tuve momentos de buscar excusas para no escuchar esa voz. Tuve que apoyarme solamente en esa sensación interna y confiar.

¿Y tú? ¿haces caso a tu intuición?

Encantada si me compartes alguna experiencia tuya debajo en los comentarios. ¡Anímate!

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