DisFruta

disfruta

Tengo los ojos vendados. Silencio. Sentada en el suelo. La tengo en mis manos. Abierta para todos los sentidos. Preguntándome qué cosas puedo hacer con ella.
Masajear mi cuerpo, calentarla, jugar, oler, saborearla…
Primero es el tacto. Templada, algo rugosa.
Después el olor. Aroma muy fresco.
La froto por mi cara y luego bajando por mi cuerpo. Me hace cosquillas. Me gusta la sensación que deja en mi piel. Me pregunto si es hora para saborearla. Escucho que las demás han empezado. ¿Eso quiere decir que ya toca? ¿Pero por qué siempre me dejo arrastrar por el ritmo de los demás? La tendré que pelar con los ojos cerrados. Hay que superar el absurdo miedo de manchar. Pienso si habrá algo para limpiar después y donde me puedo lavar las manos para no estar pringosa. La pelo. En ese silencio se escucha todo. Me inquietan los sonidos de las demás mientras comen. Intento no hacer ruido. Pendiente de comer en silencio me pierdo por momentos el placer de saborear.
Vuelvo a la sensación húmeda en mi boca. Jugosa, dulce, fresca. Intento hacerlo muy lentamente. Buscando mi ritmo, sumergida en la experiencia. No hay nada más. Sin tiempo y espacio. Sin expectativas y exigencias. A mi ritmo.

DisFrutando con todos los sentidos el placer de saborear… una naranja.

Esa fue una de muchas dinámicas en el taller de sexualidad femenina hace ya muchos años. Un viaje sorpresa a través del redescubrimiento sensorial. Después de la experiencia vieneron preguntas y reflexiones que me ayudaron a encontrar un nuevo camino.

¿El ritmo que tengo es el que quiero o es el que creo que esperan de mi?
¿Esperan? ¿Pero quién? ¿Por qué creo que se espera algo de mi?
¿Por qué me da miedo manchar o que se me oiga?
¿Estoy más pendiente de mis sensaciones o de cómo se percibe desde fuera?
¿Qué debía de haber sentido que no sentí?
¿Y si abro la naranja y me la como a medias?
¿Por qué tiene que ser todo o nada?

De repente redescubrimos lo cotidiano, lo conocido. Nos sorprende una vez que nos liberamos de nuestras etiquetas mentales. Totalmente presentes renovamos nuestra relación con el objeto de atención. Nos despojamos de las identificaciones pasadas y nos abrimos al ahora, con nuevos ojos cada vez.

¿Lista para una nueva dimensión?

Amor de frutas – Gioconda Belli

Déjame que esparza
manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas la granada
esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua
que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso
del que nunca jamás ningún Dios
podrá expulsarme.

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