¿Conectada?

comunication

Tardé mucho en decidirme a tener un smartphone a pesar de que mis amigas ya llevaban tiempo intentando convencerme. No me enteraba de las quedadas y la mayoría de las conversaciones. Les resultaba caro tener que mandarme un sms para avisarme de cualquier cambio de planes. Así que al principio de este año por fin me rendí y decidí a reciclar el smartphone de un familiar que llevaba más de medio año en un cajón en casa intentando seducirme. Todo el mundo sonrió irónicamente a la noticia: “Ya sabíamos que tarde o temprano ibas a caer”. Ahora unos meses más tarde, ya conectada con mi red de gente viene la sorpresa.

Justo en la Nochebuena me quedo sin whatsapp porque resulta que la nueva versión ocupa más memoria de la que tiene mi teléfono. Que listos son, saben cuando hacerlo justo antes de las fiestas (navidades, cumpleaños, Nochevieja, etc.) Incluso después de haber borrado toda la información del teléfono ni con esa es suficiente para tener el whatsapp. El primer momento viene la locura de: ¿Como estaré yo sin whatsapp? Mis amistades, mis contactos de trabajo, dios mío. Parecía que se acababa el mundo. ¿Por qué algo que no estaba en mi vida hace unos meses de repente se convierte en algo imprescindible? Creando la Necesidad, el punto más importante para que esto funcione. No podía evitar recordar el buenísimo documental “Comprar, tirar, comprar” sobre la Obsolescencia programada, que si todavía no lo has visto, es más que recomendable y aun más en estas fechas de locura de consumismo a tope. Comprar una nueva impresora porque resulta imposible y súper caro arreglar la anterior, o en mi caso tener que comprar un nuevo teléfono con más memoria para que siga “conectada”. ¿Conectada con qué? ¿Con la fuente? Es un círculo vicioso del cual es difícil salir sin irte a una isla desierta o tener los conceptos muy claros en tu cabeza.

Puede ser que a ti te parezca una tontería todo esto que me pregunto. Como dijo una amiga mía: “Pero eso es lo normal, la gente lo tiene muy asumido, que irá cambiando constantemente aparatos con más modernos para estar actualizado. Y menos mal que esto es así porque yo me quedaría sin trabajo y no podría alimentar mi hijo.” Me parece importante que ella tenga trabajo obviamente, pero esto no quita que no me parece “normal”.

Paradójicamente, lo que mantiene en marcha la llamada “sociedad de consumo” es el hecho de que intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona. La satisfacción del ego dura poco, y tu sigues buscando más, comprando, consumiendo.
Eckhart Tolle “Un nuevo mundo, AHORA”.

Así que ahora queda la pregunta: ¿Y tú qué crees que debería hacer?

  • ¿compraría un nuevo teléfono con más memoria?
  • ¿volvería a mi viejo Nokia con botones?
  • ¿esperaría que otro familiar me deje uno antiguo?
  • ¿otros?
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6 Comments

  1. Guau súper interesante la reflexión. Además que me siento muy identificada. Cuando se rompió mi tlf fue esa misma de sensación que tuve. Al final me compre otro. Eso si, el mas mas barato de la tienda. Pero muchas veces me planteo de que manera quiero estar conectada, aunq este sistema ya nos dice como debemos estarlo, y si no lo haces así es difícil seguir “conectada” a tu entorno. En fin, un lío. No se que decirte..quizás, Otros?..jajaja

    • Jaja eso digo yo, la opción “Otros” es mi favorita ☺ sin saber todavía qué entraría dentro. Mil gracias Mónica por tu comentario y por hacerme sentir menos rara, porque cuando comparto mis reflexiones sobre el tema con la mayoría de la gente me miran en una manera rara y no entienden por qué dar tantas vueltas. Creo que añoro la época en mi país natal hace años cuando teníamos un teléfono fijo en casa modelo ruso, que se había caído miles de veces al suelo y estaba pegado con celo y seguía funcionando a pesar de sus ventitantos años de servicio fiel. Llámame una nostálgica, jeje. Seguimos conectadas ☺

  2. http://m.eldiario.es/sociedad/consumo_compulsivo-Navidades-psicologia_del_consumidor_0_463703807.html

    Este es el artículo que se me ha venido a la mente tras leerte. Es una buena reflexión comprobar que el pseudo estado de bienestar dista mucho de contribuir al verdadero bienestar que no es sino el de uno mismo para sí y por tanto con los demás.
    Al margen de la rueda de la obsolescencia en que andamos clavados, si sentías que tener Wasap te abría a la comunicación y a la comodidad (que te reporta), adelante, consigue otro. Eso sí, como dice el artículo, sin compulsión, con consciencia.

    • Gracias por el comentario Poli y por el artículo, súper interesante. Me parece genial poder diferenciar entre la compra compulsiva y la racional (como la llaman). Eso es la clave de todo en realidad, la consciencia con que hacemos las cosas. Puedo decir con tranquilidad que hace tiempo que no hago compras compulsivas, incluso lo contrario, para cualquier cosa que compro últimamente siempre me hago la misma pregunta: ¿De verdad lo necesito?
      La comodidad de tener whatsapp creo que es indudable y más en la sociedad donde vivimos. El tema es el precio que hay que pagar para tenerlo y no me refiero el precio del aparato. Igual soy un poco exagerada, no sé, pero para mi personalmente es una manera de decir que acepto entrar en la rutina de comprar y tirar sin ni siquiera tener estropeado o roto el aparato antiguo. Meditaré sobre el tema. Conectadas ☺

  3. He pasado por algo parecido y me he dado cuenta de que la diferencia está en controlar el wasup (o cualquier red sicial) o en estar controlado por ella. Hay una delgada línea en la que siento que si no estoy conectada no formo parte de, me siento excluida… pero al mismo tiempo esa conexión es una exclavitud, una droga… un recurso más para el ego para mantener entretenido mirando fuera

    • Estoy totalmente contigo Daya. Saliendo del tema del consumo irresponsable y la comunicación, otro gran tema son las redes sociales. No quise entrar por allí, que esto ya es para buen rato. Y lo que dices tú es muy fácil que se convierte en una dependencia y muy seria. Como dijo el otro día Eva Hache en un monólogo, es más fácil salir de casa sin bragas que sin teléfono. Intentando dar un toque alegre al asunto que sino es abrumador. Y aquí la regla de siempre, como comentaba Poliana arriba, utilizar las cosas con consciencia. En si ni el teléfono, ni las redes sociales son peligrosos, sino la manera en que las utilizamos. Es como la mente, una herramienta maravillosa que tenemos, pero qué partido vamos a sacar de ella depende totalmente de nosotras. Conectadas ☺

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